En muchos hogares, basta con abrir un determinado armario de la cocina para saber que ese día se va a preparar algo especial. El olor lo dice todo antes que cualquier receta. En una pastelería artesanal, esa misma lógica opera a otra escala.
En La Mallorquina, gran parte de lo que distingue una elaboración empieza mucho antes de encender el horno: en la selección de ingredientes que van a determinar el sabor y sostener la textura.
Entre todos esos ingredientes capaces de transformar una elaboración, algunos tienen un peso especialmente importante dentro de la identidad de La Mallorquina: canela de Ceylán, los piñones de Valladolid y la harina de Huesca.
Los ingredientes que aportan personalidad a nuestras elaboraciones
No todos los ingredientes cumplen únicamente una función técnica. La mantequilla ayuda a construir esa sensación reconocible de suavidad en muchas piezas de bollería, el chocolate puro aporta intensidad y equilibrio, la nata condiciona gran parte de la ligereza final de ciertas recetas y el azúcar glas termina definiendo el acabado de muchas elaboraciones tradicionales.
Hablamos de ejemplos que ayudan a explicar por qué ciertos productos mantienen intacto su carácter artesanal con el paso del tiempo.
Canela de Ceylán
Hay aromas capaces de transformar por completo la sensación que deja una elaboración. Y en la pastelería artesanal, uno de ellos es la canela. Ese ingrediente que casi todo el mundo reconoce al instante, pero no tantos saben que existen distintas variedades capaces de cambiar por completo el carácter final de una receta tradicional.
Este es el caso de la canela de Ceylán. Considerada una de las más apreciadas en repostería artesanal, destaca por un aroma mucho más delicado y una presencia mucho más equilibrada dentro de la elaboración.
En La Mallorquina hacemos uso de este tipo de canela en las elaboraciones donde, precisamente, el aroma va a marcar la diferencia. Por ejemplo, en las caracolas de canela o las tradicionales torrijas. Recetas que necesitan un punto más delicado que solo la versión de Ceylán puede impregnar.

Piñones de Valladolid
Con denominación de origen puramente castellana, y a diferencia de la mayor intensidad de los importados de Asia, los piñones de Valladolid destacan por su tamaño uniforme, una textura tierna, un sabor más delicado y una calidad especialmente valorada dentro de la repostería artesanal tradicional.
Ese carácter más equilibrado permite que los piñones acompañen muchas elaboraciones tradicionales sin robar protagonismo al conjunto de la receta. En un obrador como el de La Mallorquina, donde la tradición pastelera sigue teniendo un peso irrenunciable, este tipo de ingredientes ayudan a mantener sabores reconocibles y texturas muy ligadas a la pastelería artesanal de siempre.
Uno de los mejores ejemplos de esta tradición son los Empiñonados de La Mallorquina, elaborados con mazapán artesano y piñón nacional horneado sobre cada pieza. Un dulce muy ligado a la repostería tradicional española que mantiene intacto ese sabor reconocible de las elaboraciones pensadas para acompañar una sobremesa de café y momentos especiales.

Harina de Huesca
Incluso un ingrediente aparentemente “invisible” como la harina puede cambiar completamente una receta. Muchas de las elaboraciones más reconocibles de la pastelería tradicional dependen precisamente de esa base silenciosa que suele condicionar la consistencia, pero que va a influir sobre todo en la personalidad final.
Son esas virtudes las que hicieron que en La Mallorquina apostemos por la harina de Huesca. Una materia prima que valoramos de manera muy especial en la repostería artesanal. Este ingrediente nos ayuda a mantener texturas muy reconocibles en una gran diversidad de recetas ligadas desde hace décadas a nuestro obrador y, por supuesto, a la tradición pastelera madrileña.

La tradición pastelera también se construye desde los ingredientes
Hay obradores que funcionan con la misma lógica que esa despensa familiar: saben exactamente qué tienen y por qué lo tienen. En La Mallorquina, ingredientes como la canela de Ceylán, los piñones de Valladolid o la harina de Huesca son parte de una manera de entender la pastelería tradicional que lleva décadas conectando el obrador con la historia más dulce de Madrid.



