Salón de té

ESPACIO DE TERTULIA

Quien se sienta en el salón de té de La Mallorquina, situado en la planta superior del local, puede observar el pulso de La Puerta del Sol desde un escaparate privilegiado. Sus muros también encierran más de un siglo de historia. Tras la inauguración de la casa, en 1894, en este espacio se desarrolló una intensa vida cultural.

En su seno, se hicieron famosas las reuniones y tertulias de miembros de la Casa Real, del Gobierno, artistas, filósofos, escritores y ensayistas. A su Salón acudían, entre otros, Ortega y Gasset, Pío Baroja, Benito Pérez Galdós, Gómez de la Serna o el Premio Nobel de Literatura Juan Ramón Jiménez, quien pedía en barra un Tortell con café y subía al Salón en busca de inspiración. Y de hecho, se conserva el mantel donde el Nobel anotó algunos pensamientos.

La pastelería se antoja cargada de voces y del tintineo de las cucharitas de café mientras los tertulianos hacían historia. Voces que siguen hoy, la de madrileños, viajeros anónimos o personajes reconocidos famosos que disfrutan de conversaciones mientras les sirven napolitanas, croissants, palmeras, merlitones o una porción de tarta.

Logo mallorquina sobre circulo blanco
Salón de té de La Malloquina - La ventana de Madrid

La ventana de madrid

Desde su privilegiada ubicación, La Mallorquina se ha convertido en una ventana a la historia de Madrid. En estos 125 años la pastelería ha sido testigo en primera persona de la evolución de la Puerta del Sol. 

Hace algo más de un siglo, desde el Salón de Té de la pastelería se podían ver carruajes y carretillas mientras se paseaban hombres de traje y sombrero o mujeres con vestido largo. Más tarde, aparecieron los primeros coches en circulación y el tranvía o la llegada del metro en 1919. 

La “plaza y foro de España”, como la denominó Antonio Machado, ha visto la creación y devenir de sus negocios. Desde su privilegiada posición La Mallorquina, ocupa un lugar principal, cuya vitalidad ha evolucionado hasta el presente. Desde posición también ha visto la transformación de la Casa de Correos -diseñada por el arquitecto francés Jacques Marquet- actual sede de la Comunidad de Madrid; o el cambio de ubicación del icónico cartel de Tío Pepe, instalado en 1935. Igualmente, el Oso y el Madroño cambió de ubicación, mientras permanece inamovible el emblemático reloj del Siglo XIX. La vida de la plaza, hoy peatonal, continúa siendo el motor de la ciudad, mientras se desarrolla la actividad de los negocios circundantes.

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